Trenzas Mágicas

“Había una vez”, así empezaban los cuentos de la abuela cuando se sentaba a la hora de la siesta mientras trenzaba su cabello blanco y mágico.
Ese día no era la excepción, así que Babu, como la llamaban quienes la conocían, se sentó a trenzar su cabello y empezó: “Había una vez una niña muy pequeñita y valiente, la llamaban Lore. Todos los días Lore salía de su casa muy temprano a la escuela, solita se iba la Lore caminando las 15 cuadras del pueblito, desde su casa a la escuela.

Lore amaba su escuela y su maestra, que le enseñaba dibujos con sonidos, que cuando los juntabas formaban palabras, que cuando las juntabas formaban oraciones, que cuando las juntabas formaban viajes misteriosos
a cualquier lugar. Podían ser aventuras, romances, épicos, fantásticos, no importaba qué te imaginaras, todo empezaba con esos dibujos y sonidos.

A la Lore la retaban mucho porque era muy distraída, apenas leía algo nuevo en los libros de la escuela y su cabeza salía volando como un colibrí por la ventana.
Y ahí la maestra, que la quería mucho y ya sabía que era voladora, la llamaba ¡¡¡¡¡“Loreeeee”!!!! ¡Volvé a la escuela que hay más que aprender!” y la Lore volvía de su ensoñación y se sumergía en el libro hasta volver
a salir por la ventana y la maestra la volvía a traer, y así pasaba la mañana en la escuela.

A Lore sus compañeros y compañeras no la entendían, creían que tenía algún problema para pensar las cosas, que no entendía o que era tonta. Le decían cosas feas porque no la entendían, le decían “cabeza de chorlito”, “cabeza hueca” y un montón de otras frases hechas que a la Lore no le gustaban.

Un día, la Lore no aguantó más y le pidió a la maestra que le explicara al grado que ella no estaba loca, ni era tonta, ni nada, que tenía la cabeza muy voladora no más.

La maestra explicó entonces que las personas son distintas, que cada una es una sola y no se parece a otra, les fue preguntando qué gustos de helados preferían y las respuestas fueron distintas y también, algunas iguales.

  • Chocolate
  • Frutilla
  • Dulce de Leche
  • Menta granizada

Y todos se rieron del Pancho, que le gusta la menta granizada. Y ahí estaba el bicho raro que le gustaba un sabor raro. Y la maestra preguntó:
-¿Lo dejamos de querer al Pancho por que le gusta la menta granizada?
-¡Nooooooooo!- gritaron al unísono.
-Y si a la Lore le gusta imaginar cosas, ¿la dejamos de querer?

Y ahí se hizo un silencio en el aire, nadie estaba seguro si que te guste menta granizada era lo mismo quetener mucha imaginación, se miraron entre sí buscando respuestas pero solo encontraron los ojos bien abier-
tos en las otras caras, fue ahí cuando alguien, tímidamente, levantó la mano y dijo:

  • Pero la Lore no nos cuenta qué está imaginando.

La maestra la miró a la Lore, que por primera vez tenía todos los sentidos en lo que estaba pasando y le dijo:
-De hoy en adelante, los últimos 10 minutos de clases nos contás qué estuviste imaginando.

Nadie sabía si eso era una buena o una mala idea, pero la aceptaron igual.
Una semana más tarde la maestra le contaba a sus compañeras que esa había sido una idea genial, que ahora en el grado esperaban con alegría los cuentos de la Lore y que ella tenía amigos y amigas que le pedían más
cuentos. Que iban a su casa a escucharla y que la habían invitado al club para que allí también escucharan lindas historias.

Pero ahora había otro problema, que parecía que nadie había notado…cuando empezaban los cuentos, a la Lore le salían alas de colibrí.

Babu ató la trenza con una tirita de tela, y con sus alas de colibrí se fue a preparar el agua para el mate.

Por Lilian Alba

Texto incluido en el libro «Perras Negras» Volumen I

Comparte