Las locas de las paredes

Por Loreley Flores

Desde afuera

-Ese grupo de mujeres está otra vez ahí en la calle, molestando, gritando, pintándose las caras como si fueran a la guerra. ¿Quién las entiende? Ojalá pudiera yo quedarme en casa y que me mantengan, pero no ellas quieren trabajar, ¡las muy boludas! Por gente así perdimos tanto: odian a los hombres y les molestan que las inviten a comer o les corran la silla. Imaginate: si cuando les dicen cosas lindas por las calles, en lugar de ponerse contentas, se enojan. Y mirá que hay que encontrarlas lindas con esos cortes de pelos raros, colores azules, verdes, rapados, gordas y peludas. Se ha perdido todo sentido de la estética y de la feminidad con estas que se llaman mujeres y que salen a las calles a decir que hablan por todas.
Otra vez ahí con esos pañuelos del aborto…¿Hay necesidad? Decime, vos. Si cuando queremos abortar, abortamos y no se entera nadie. Pero no, ellas levantan banderas y lo hacen público y dicen que hay quienes no lo pueden pagar ¡bueno! que aprendan a cerrar las piernas o que aguanten la pelusa, mierda.
Yo quiero quedarme en casa sin hacer nada; y con plata y tiempo para hacer lo que quiero, nada de andar levantando la perdiz con esto. Ellas en cambio, se dedican a pintar paredes y nos hacen quedar mal a todas…y lo peor…llevan a las hijas chiquitas ahí, ¿te imaginás esas pobre criaturas el matete que le hacen en la cabeza?

Desde adentro

-Mi hija, mi hermana, mi amiga no aparece. Una de nosotras muere por día, nos violan, nos abusan, se aprovechan de nuestra fuerza de trabajo. Trabajo en casa y fuera de casa, pero en ningún lugar me pagan lo que corresponde. A veces creo que el trabajo no tiene género, el sueldo, sí: el sueldo es definitivamente masculino. El trabajo no remunerado también tiene género, en su mayoría lo hacemos nosotras, nosotres. Estudié, me recibí y estoy calificada. Me felicitan, me premian; de vez en cuando me agradecen, casi nunca me pagan. Y si reclamo se enojan. Mujeres trabajadoras somos todas. Algunas tienen algún que otro privilegio, pero yo estoy acá junto a cientos de otras mujeres para haya derechos no privilegios. No nos escuchan, los reclamos se mezclan: el derecho a la vida, a que no suframos violencias, a la libertad, al trabajo remunerado, a la dignidad. Los reclamos se mezclan y a la vez es uno solo. Nos reunimos, nos organizamos, marchamos, gritamos y sí, a veces pintamos alguna pared porque la justicia no nos escucha ni nos reconoce, porque siempre nos culpabiliza, porque parte de la sociedad se estremece ante el horror descarnado, pero luego sigue pensando que somos las locas de las paredes o que algo habremos hecho. Venimos con nuestras hijas e hijos porque somos nosotras las cuidadoras y porque queremos que luchen por un mundo un poco más justo, más igualitario. Y aunque no lo creas, me encantaría estar en casa, sentada, descansando, después de este día de trabajo interminable, o tal vez sentada en un bar compartiendo una cerveza con amigas, pero no, estoy acá, con toda la carga en mi cabeza de las cosas que quedaron sin hacer, de las cuentas que quedaron sin pagar, con las piernas hinchadas y la angustia de las violaciones y los femicidios y con miedo de que se repita, de que siga pasando. Me encantaría estar tirada en mi cama mirando una serie, pero estoy acá por mí, por mis hijes, amigues y aunque sé que no te represento -ni intento hacerlo- quiero que sepas que nosotras, nosotres, las de las tetas al viento, la de los pañuelos verdes, las trabajadoras precarizadas, las locas de las paredes también marchamos por vos.

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