Dos años de Ley

En una de las tardes más calurosas de este diciembre en Argentina, ella está ahí parada en medio de la librería con su sonrisa radiante y su mirada picaresca y habla con una dulzura que engaña. Engaña porque no parece que ella, como todas sus compañeras de “camada” puedan dosificar la dulzura, la valentía y el coraje como lo hacen y hacerle frente a todo. Ellas -a las que tantas veces llamamos históricas- son tan actuales que en algún punto espanta y tan protagonistas de la historia que no cabe más que la admiración y el respeto.

Foto: Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito – Rosario

Se dice que una de ellas estuvo en todos los Encuentros Nacionales de Mujeres -y eso que van más de treinta-, otras han sufrido las consecuencias de la dictadura más sangrienta que haya vivido este país en sus propias familias, en sus propias vidas; hay quienes han redactado de su puño y letra leyes que garantizan derechos, hay muchas, muches.

Yo sé que estaban ahí, en esa tarde de verano, con su fuerza, con su cariño inmenso y su humor “homenajeándonos” a nosotras, un puñado de periodistas que hemos sido parte de la foto con nuestros pañuelos verdes. Pienso que con los años, tal vez hijes nos y les encuentren ahí, en la multitud dibujada de un libro de historia, ya no con paraguas como en la Revolución de mayo porque la nuestra fue con glitter y pañuelos-. Ellas, las actuales, que han hecho tanto durante años siguen siendo las que nos abrazaban y agradecen ¿¡ a nosotras!?

La imagino colgando ese pañuelo que hablaba de “Aborto” años antes de que comenzara la Campaña. Es que abortar se abortaba, mi abuela y sus hermanas, con los años, se animaron a relatar sus propias historias. Se abortaba y se acompañaban. Pero no se hablaba. Para quienes necesitaban o decidían abortar, hablarlo era condenarse a un estigma de un peso que no podemos calcular, aunque en la casa de al lado también se abortaba y en la de al lado. La práctica era más común de lo que quisieron reconocer, hablarlo era el problema.

Foto: Julia Oubiña para Sin Cerco

Tenemos cientos de refranes que adulan al silencio, lo engrandecen. A mi de chica me repetían que yo podía ser esclava de mis palabras y dueñas de mis silencios, ¡qué cinismo! El silencio durante años nos hizo sentir sucias, nos expuso a violencias, golpes, vergüenzas que no debían ser nuestras. El silencio del que podíamos adueñarnos nos ha llevado a morir.

Y con el micrófono en la mano, ella que nunca se calló, nos pide que nos acerquemos, y su sonrisa actual y amorosa nos contagia. Y no habla de las estrategias que las llevaron ahí ni de que organizaron equipos con preparadorxs físicos, psicólogues, periodistas, cocineras y muchas más personas que incluían hasta DT. No cuenta las horas y horas que miraron en un pizarrón el campo, las posiciones que ocuparía cada una y cómo el equipo contrario atacaría. Sabían que del otro lado jugarían sucio, que darían golpes bajos, pero no se centraron en eso, porque esto es más que un juego, se trataba y se trata de la vida de las personas con capacidad de gestar. De la vida, de la educación que les permitiera tener los recursos para decidir libremente, sin miedo a la muerte. Se trataba de qué clase de ciudadanía les correspondería a las personas con útero en un mundo que presume de modernidad. Se trataba y se trata de ampliar derechos. No es un juego, pero en este diciembre tan mundialista, tan Argentina campeón, pongamoslé que fue un torneo y La Ley, nuestra copa.

Foto: Cristian Maiola para Sin Cerco

Ellas, nuestras Actuales, formaron la mejor selección de la historia, a veces entraban unes al campo de juego, a veces otres, pero solo se trataba de pasar la posta, no había abandono ni rendición. Planificaron cada paso, cada presentación de proyecto en el Congreso con la ilusión de volver a casa campeonas. Llevó años. Pero en el 2018, clasificaron y clasificamos todxs. Fuimos siguiendo cada entrenamiento, cada gambeta, cada tiro libre, cada avance hacia el arco contrario. Los pañuelos verdes de nuestra selección se multiplicaron en las calles y en las mochilas de las más pibas, el corazón se nos llenaba de orgullo al ver eso porque sabíamos que las pibas, al igual que nuestras Actuales-Históricas lo habían entendido todo. El orgullo nos salía por los poros y la emoción se nos atragantaba y nos hacía querer abrazar a conocidas y a desconocidas, porque sentíamos que algo así como una argentinidad nos estaba hermanando.

Pusieron fecha para la semifinal, 13 de junio de 2018, y conseguimos nuestro lugar ahí cerquita de ellas, de las mismas que hoy nos invitan limonada y sandguchitos para agradecernos -y yo me siento privilegiada de tener foto junto a nuestras Messis, Scalonis o Di María. Viajamos, fuimos más de un millón. Nos abrazamos para esquivar el frío, bailamos alrededor de fuegos y hogueras, compartimos vinos de la botella, porque es lo que había. Nos supimos brujas y protagonistas y pero sobre todo supimos que nuestra copa estaba cerca. Faltaba la final, pero nos volvimos a ilusionar, esta vez podía ser. Nos fuimos campeonas de la cámara de diputados, después de cientos de disertaciones a favor y en contra, con alianzas necesarias y hasta impensadas. Este partido lo habíamos ganado en las casas, en las camas, en las mesas y hasta en el Congreso. ¿Qué decir más que gracias?

Foto: Ana Isla para Sin Cerco

En una de las mesas de la librería rosarina que tiene su propio Mal de Archivo, ellas tienen las copas: varios pañuelos verdes que tiene impreso el número de la ley 27.610 y una cinta arcoirís porque ellas, siempre tan Actuales, saben que es y fue con todxs y con todes. Y nos invitan, nos van nombrando una a una y nos abrazan y nos premian, nos ponen el pañuelo cual medalla, como acto simbólico de querer abrazar a muches más que no pudieron llegar. Ella no lo dice, pero nuestros cuerpos tienen memoria y nos lleva a la puerta del congreso nuevamente, 8 de agosto de 2018, algunes creímos que se podía lograr, ellas -nuestra scaloneta que tiene sus propios nombres- sabían que no nos daban las piernas para ganar esta final, pero no nos desanimaron nunca, Nos guiaron, entendimos que ellas sabían de qué hablaban y siempre nos mantuvimos detrás de la línea de ataque y defensa, fueron y son estrategas, auténticas y nobles, y quienes las vimos y las vemos no podemos menos que amarlas. Volvimos tristes. Casi dos millones de personas volvimos tristes. Ellas, con la tristeza en la piel, veían un poco más adelante, primero nos subieron a los colectivos para que ningún disturbio nos alcanzara, y luego siguieron pensando, mirando el campo de juego, planeando el próximo encuentro.

Foto: Cristian Maiola para Sin Cerco

Y llegó el 2020, como llegan las cosas que no tienen mucho sentido, en medio de una pandemia que nos abrió la puerta para respirar unos minutos y el proyecto pasó al Congreso, y ya no teníamos la fuerza de la masividad en las calles, pero una cuantas salimos y ahí estaban ellas, con la esperanza renovada y desafiando a cualquier regla prevista, estrategas sí, pero luchadoras con los músculos ejercitados y soñadoras con la ilusión de subir al podio y saltar como salta el equipo campeón. Aguantamos el calor en la plaza, con nervios, fuimos con amigues y familia, nos pintamos la cara, esta vez el protocolo no nos permitió compartir la cerveza, nos comimos las uñas, fotografiamos todo –tal vez para el libro de historia- o para contar que estuvimos ahí, con ellas y aguantamos hasta el final, hasta nuestra final. El «sí» a la legalización del aborto -mediante el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo- salió por 38 votos afirmativos, 29 negativos y una abstención., Fueron nuestros penales, nos pusimos frente a la pantalla en silencio, los abrazos y las lágrimas emanaban de nuestras cuerpas empoderadas, contábamos uno a uno cada voto. La expectativa no nos dejaba respirar ni movernos, y pasó, eso por lo que se había luchado posta durante años, se estaba convirtiendo en realidad. Las lágrimas no tenían fin, volvimos campeonas, se nos estaba reconociendo una ciudadanía completa y la soberanía sobre ese territorio que es nuestro cuerpo que nos pertenecía, pero tal vez como en el conflicto de Malvinas, algunos tratan de explicarnos por qué no era tan así. Los portales titularon: “Argentina aprobó el aborto legal y gratuito impulsado por el Gobierno”.

Foto: Cristian Maiola para Sin Cerco
Foto: Cristian Maiola para Sin Cerco

Nosotras las que hoy estamos acá, en esta librería y tantas otras desde rincones remotos del país -y no tanto- escribimos con toda la subjetividad que nos fue posible, fuimos apasionadas y autorreferenciales y siempre pero siempre volvimos a ellas, quienes integraron la Campaña por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Nuestras pibas, nuestras adultas, nuestras viejas que no se perdieron ni un solo debate y aprendieron todos los cantitos de cancha, ellas, ellxs, elles nos dieron y enseñaron tanto que solo se trataba de describir unas manos apretadas, un abrazo, la marea verde pañuelos o un baile conjurando a la injusticia al lado del fuego abrazador y abrasador.

Foto: Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito – Rosario

Hoy ellas nos agradecen -y es más de lo que merecemos- y nos piden que sigamos informando, que sigamos contando, que gritemos allí donde podamos usar la voz que hoy cumple 2 años nuestra ley y que podemos exigir que nuestro derecho a decidir sea respetado y garantizado. Queda mucho por delante, logramos nuestra copa, pero hoy hay que darla a conocer en una caravana interminable y monitorear que ese derecho se cumpla. Hoy ellas, que nos abrazan, nos miman y se sacan una foto con algunes de nosotres, siguen laburando como hace años lo vienen haciendo, con la piel más curtida -es cierto- pero con esa dulzura -que engaña- a flor de piel. Ellas tan históricas y tan actuales.

Por Loreley Flores

para Bichos Raros

Foto: Sin Cerco
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